Papá, ¿pero qué estás haciendo?    (Niño anónimo)   11/02/2017

No sé cómo decírtelo. Seguramente crees que lo haces por mi bien pero no puedo evitar sentirme raro, molesto, mal. Me regalaste el balón cuando apenas empezaba a andar. Aún no iba a la escuela cuando me apuntaste al equipo. Me gusta entrenar durante la semana, bromear con los compañeros y jugar el domingo, como lo hacen los equipos grandes. Pero cuando vas a los partidos…no sé. Ya no es como antes. Ahora no me das una palmada cuando acaba el partido, ni me invitas a un bocata. Vas a la grada pensando que todos son enemigos. Insultas a los árbitros, los entrenadores, a los jugadores, a otros padres…

Creo que sufres y no lo entiendo. Me repites que soy el mejor, que los demás no valen nada a mi lado, que quien diga lo contrario, se equivoca, que sólo vale ganar.

Ese entrenador, del que dices que es un inepto, es mi amigo, el que me enseñó a divertirme jugando. El chaval que el otro día salió en mi puesto… ¿Te acuerdas? Sí, hombre, aquel que estuviste toda la tarde criticando porque ¨no sirve ni para llevarme la bolsa¨, como tu dices. Ese chico, va a mi clase. Cuando le vi el lunes, me dio vergüenza.

No quiero decepcionarte. A veces pienso que no tengo suficiente calidad, que no llegaré a ser profesional a ganar cientos de millones, como tu quieres. Me agobias. Hasta he llegado a pensar en dejarlo, pero, !me gusta tanto!…

Papá, por favor, no me obligues a decirte que no quiero que vengas a verme jugar.

UN AMIGO ME PREGUNTO..

-¿Porque gastar tanto dinero y tiempo para que tu hijo entrene y juegue Basket?-

RESPUESTA:

Bueno, tengo una confesión que hacer, yo no pago porque mi hijo entrene y juegue Basket... ¿Sabes qué estoy pagando?

  • Pago para que mi hijo aprenda a ser disciplinado.
  • Pago para que mi hijo aprenda a cuidar su cuerpo y su mente.
  • Pago para que mi hijo aprenda a trabajar con los demás y sea buen compañero de equipo.
  • Pago para que mi hijo aprenda a lidiar con la decepción cuando no obtiene lo que esperaba, pero sabe que hay que trabajar más duro.
  • Pago para que mi hijo aprenda a alcanzar sus objetivos.
  • Pago para que mi hijo entienda que toma horas y horas de trabajo duro y entrenamiento obtener un campeonato,y que el éxito no ocurre de la noche a la mañana.
  • Pago por la oportunidad que tendrá mi hijo de hacer amistades para toda la vida.
  • Pago para que mi hijo este sobre el campo de juego y no frente al televisor.
  • Pago por esos momentos en que mi hijo vuelve tan cansado que solo quiere llegar a descansar y no piensa ni tiene tiempo de andar de vago o en cosas malas.
  • Pago por todas las enseñanzas que este bello deporte le da: "responsabilidad, humildad, entrega, amistad, convivencia, etc, etc.".

Podría seguir,pero para ser breve;

  • No pago por el Basket.
  • Pago por las oportunidades que le ofrece este deporte a mi hijo de desarrollar atributos y habilidades que le serán muy útiles a lo largo de su vida y darle la oportunidad de valorar la vida.
  • POR LO QUE HE VISTO HASTA HOY...CREO QUE ES MI MEJOR INVERSION

    Así que a jugar se ha dicho ������

    !!!! ES UNA UNIVERSIDAD DE LA VIDA !

    ¡Árbitro, payaso!    (Alvaro del Río)   13/01/2017 22:26:00

    Hace cosa de un mes, justo antes de las Navidades, tuve la ocasión de ver un partido de categoría minibasket en el que se enfrentaban dos equipos que me sorprendieron gratamente por cómo se movían en el campo para ser tan pequeños. No sé si eran de primer año o de segundo, pero el trabajo de esos entrenadores es de destacar porque no es nada fácil que en edades tan tempranas sepan jugar tan bien al baloncesto.

    La buena preparación de todos los niños hizo que el partido llegara a los últimos minutos muy igualado, con un intercambio de canastas continuo y con mucha intensidad, por lo que el árbitro tenía que estar muy atento en cada una de las jugadas. Al chico al que le habían asignado este partido se le notaba que era aún principiante y se puso muy nervioso en algunos momentos. Esos nervios hicieron que se le escaparan algunos detalles y no pitara algunas faltas que le reclamaron ambos entrenadores, lo que hizo que hasta los padres que estaban al borde de la pista viendo el encuentro también se animaran a recriminar al chico de muy malos modos porque se estaba equivocando. En un tiempo muerto, y cuando el árbitro trataba de centrarse y no fallar en los últimos momentos, uno de los padres se acercó a él por detrás de la mesa y le gritó: «¡Árbitro, payaso!».

    En ese momento muchos de los presentes, lejos de recriminarle su actitud, se animaron a gritar y a increpar al pobre chaval que tan solo trataba de hacer bien lo que más le gusta, tuviera o no su día y acertara más o menos en sus decisiones. Lo que más me llamó la atención es que tras esto, el entrenador que estaba a cargo del hijo de dicho personaje, ni se inmutó lo más mínimo para, primero, calmar los ánimos de todo el mundo; segundo, para evitar que ese padre siguiera insultando al árbitro.

    Al final uno de los dos equipos ganó con una canasta en el último segundo, pero el gran partido de los pequeños quedó empañado por la actitud de los que se supone que deben ser ejemplo en este deporte que todos practicamos de una forma o de otra. Cuando salí de las instalaciones, una vez terminado el encuentro, me sorprendí al ver al chico solo sentado en un banco con el móvil en la mano, por lo que me acerqué para felicitarle por su trabajo. El chico me lo agradeció enormemente, reconociendo que se había equivocado en algunas cosas, pero con la idea firme de que no merecía ser insultado por seguir los pasos de su padre, ex colegiado de nuestra ciudad.

    Uno, que ya tiene muchas tablas en un banquillo y que por supuesto ha tenido muchas discusiones con los árbitros pero siempre sin faltar al respeto, se plantea muchas cosas cuando ve de cerca este tipo de situaciones en las que se insulta y menosprecia el trabajo de los que deben ser también educadores y parte del juego que tratamos de enseñar día tras día a nuestros equipos. Los jugadores se equivocan muchas veces a la hora de tomar decisiones en la pista y pierden un balón por un mal pase; y los entrenadores, a veces, tratamos de cuadrar nuestros periodos de la mejor manera posible pero en muchas ocasiones no lo conseguimos.

    Si el jugador que pierde el pase no es recriminado ni por sus compañeros ni por entrenador, y el entrenador no es llamado de todo cuando se confunde por sus propios jugadores€ ¿por qué a un árbitro tenemos que increparle cuando falla? Es más, ¿por qué tenemos que permitir que un padre, que se supone que va a disfrutar, la emprenda a gritos con él dejando en evidencia no solo la educación que le da a su hijo sino también perjudicando gravemente la imagen de nuestro club o colegio?

    Todos somos parte de este deporte y así tenemos que entenderlo. El baloncesto de formación es una herramienta educativa a través de la cual tenemos que transmitir una serie de valores, usando el balón naranja como excusa para crecer y para desarrollar una serie de actitudes y aptitudes en nuestros jugadores, fomentando además el valor de un equipo. No solo es trabajo de los entrenadores, sino también los padres. Así que si usted no sabe comportarse, no vaya a ver a su hijo. El baloncesto base se lo agradecerá enormemente.



    Chus Mateo Academy